Donde vivan las palabras

Esta nota apareció publicada en la Revista CH de Junio 2010

La literatura fue atravesada por todos los cambios que produjo Internet en nuestras vidas. Hoy los nuevos dispositivos de lectura apuntan a un icono de la cultura: el libro.

No es casualidad que en 2005 la cadena alemana Deutsche Welle haya otorgado el premio The BOBs (el oscar de los blogs) a “Diario de una mujer gorda” la blogonovela del escritor argentino Hernán Casciari. Cuando el boom de los weblogs recién comenzaba, entre los primeros en probar este nuevo formato de publicación se encontraban los escritores (los profesionales y los amateurs). Para ese entonces, no eran pocos los informáticos que veían en la primer gran herramienta de la web 2.0 una página web con limitaciones, muy simple y con pocos atractivos.

Para los escritores, sobre todos para los anónimos, era casi una revelación. Por primera vez tenían un espacio de publicación propia, ilimitado y gratuito. Gracias al blog “escribir dejó de ser el oficio más solitario del mundo” dijo en una entrevista Rafael Fernández, un escritor/blogger al que los lectores le pagaron la publicación de su primer libro.

Las editoriales no tardaron en notar el potencial que tenían las nuevas tecnologías. Blogs que se hicieron libros, escritores que adelantaron su producción en la red, libros para descargar en pdf, editoriales que imprimiendo obras a pedido, editoriales en facebook, presentaciones de libro que se trasmitieron en vivo por ustream, chats con los escritores, lectores que votaron el final de una historia. En pocos años la “cadena productiva” de la literatura mutó al ritmo de la web 2.0.

A ese mismo ritmo cambio el modo de lectura. El hipervínculo terminó con la lectura lineal. Los comentarios terminaron con la barrera entre escritor y lector. Nuevos términos como prosumidor comenzaron a usarse para llamar a ese nuevo rol de un lector que dejaba de ser pasivo y pasaba a formar parte del proceso de producción.

Las redes sociales se convirtieron en los soportes principales de redistribución y consumo de la información, eso significó más poder para los lectores, ellos pueden hacer popular algo insignificante o ignorar un gran lanzamiento.

Claro que la literatura no fue la única que vivió este reacomodamiento, pero a través de ella se pueden ver el poder que tiene Internet. Recopilar los cambios que implicó la aparición de Internet en una disciplina como la literatura es ser conciente que estamos viviendo una de las revoluciones más importantes en la historia de la humanidad, comparable con el comienzo de la escritura.

La literatura que siempre vivió de las palabras deberá aprovechar estas nuevas herramientas para potenciarse. Quizás en 10 años no se escriba más un libro en el que 10 páginas de texto no sean interrumpidas ni por una imagen, un hipervínculo o un video.

Los nuevos dispositivos, ¿matarán al papel?

Los cotidianos anuncios de nuevos y mejorados dispositivos de lectura como Kindle de Amazon, hacen que muchos se pregunten cuánta vida le queda al libro o a los periódicos impresos. La idea de la desaparición de estos dos objetos tan arraigados en la cultura, suele generar muchos miedos y cuestionamientos.

Pero… ¿a caso Internet ya no hizo una revolución en nuestra cultura muy superior a dejar obsoleto un soporte? Mientras el periódico impreso agoniza sin lectores menores de 30 años, el libro todavía conserva algunas ventajas que lo mantienen vivo. Pero… ¿cuánto tardará la tecnología en superar la comodidad de leer en papel? será cuestión de tiempo. Aún así, el libro mantendrá ese aura que tienen los objetos queridos. Pero cuando se puede tener el libro que se quiere con un par de clicks y generalmente gratuito; el aura pasa a un segundo plano.

Es probable o seguro, que una persona promedio lea más sobre una pantalla que sobre un papel. Por eso es más interesante pensar en que posibilidades de aprender, de contar, de relacionar, nos permiten los nuevos soportes y como los podemos usar; que seguir haciéndonos la vieja pregunta, si los libros o el diario van a desaparecer; eso ya no importa. La literatura estará donde vivan las palabras.